Sobre la Elección Vocacional
por el Dr. Héctor de Ezcurra
Siempre llega un
momento donde hay que tomar decisiones pensando en el futuro:
matrimonio y familia o vida consagrada, esta carrera y/o aquella
otra, trabajar y/o estudiar, vivir acá o allá, etc. Así como
para algunos este paso les resulta sencillo y natural, para otros
empieza "el drama" de definir su vocación, en
las diversas áreas de la vida.
Sé de antemano
que ante la incertidumbre por la que casi todos hemos pasado a
esa edad, de poco consuelo resultarán estas pocas líneas;
porque no se trata acá de intentar resolver "como se
hace", sino de proponer una filosofía de fondo,
subyacente a la cuestión. Para una ayuda más técnica están
los que se dedican a la orientación vocacional, ya sea por medio
de entrevistas, tests o incluso una serie de sesiones terapéuticas
focalizadas en esta cuestión, las que nunca reemplazan sino sólo
colaboran con el proceso de elegir.
Pero antes que
todo esto, esta la cuestión de fondo mencionada. Porque a este
tema se lo puede encarar principalmente de dos maneras opuestas:
o "La vida me la construyo yo y yo
me diseño y me invento como yo quiero, es decir yo me creo a mí
mismo y hago lo que se me da la real gana", o "La vida me la propone Otro y yo tengo
que descubrir quien soy, cómo soy, qué talentos, aptitudes y
gustos tengo, en definitiva, entenderme, descubrir a qué estoy
llamado (vocación viene de vocare: llamar), por Quien y para qué, y así, haciendo lo
que Él me propone voy a estar descubriendo lo propio y haciendo
lo que yo verdaderamente más quiero y lo que realmente me hace
feliz".
Es así de paradójico:
cuánto más hago lo que Dios quiere para mí, más estoy en lo mío.
Para algunos esta
segunda postura ante la vida, que queda bien definida con las dos
máximas: "Conócete a ti mismo"
y "Sé lo que debas ser",
es sentirse coartado en la libertad, alienado. Sin embargo, sin
esta actitud humilde de búsqueda, de atención puesta en
descubrir, nada se descubre y sólo se puede avanzar a oscuras,
por capricho, por reacción, o por ciega sumisión a otros,
apostando a diversas cosas como en una ruleta, donde podemos
acertar o no, viviendo una vana ilusión de autonomía total, o
entregados escépticamente a una obediencia desmotivadora.
Sólo la madura
aceptación de nuestra radical dependencia de Dios nos permite
entrar en contacto con quien, siendo el único verdaderamente
Creador, puede invocar y proponernos un camino, vitalizante y
pleno, cuyos signos podremos encontrar a lo largo del recorrido.
Para vivir una verdadera experiencia de autonomía, libertad y
realización personal, liberados de nuestras propias
insuficiencias y de las ajenas, tendríamos que, reconociéndonos
creaturas, exclamar con el salmista:
"Escúchame
enseguida, Señor, que me falta el aliento.
No me escondas tu rostro, igual que los que bajan a la
fosa.
En la mañana hazme escuchar Tu gracia, ya que confío en
Ti.
Indícame el camino que he de seguir, pues levanto mi
alma a Ti.
Enséñame a cumplir Tu voluntad, ya que Tu eres mi Dios."
(fragmento del Salmo 142)
Difícilmente el
Señor permanezca sordo a tal pedido.
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