Cuentos
"La Doma del Laser"
por Héctor de Ezcurra
Carta
del Zoilo al Tío Zenón:
"Querido Tío:
¡No sabe lo que me ha pasau en este viaje a Güenoh'aires!
¿Se ricuerda ese bote raro que tenía el José los días pasáus, en el techo'e
la camioneta? Él me había dicho esa vez: "Cuando vayah'a Güenoh'aires
llamame y nos vamoh'a dar una vuelta en el leiser". Fue así que lo
llamé loh'otros días que me venía y él me dijo: "Pasá por casa que
nos vamoh'a navegar. Sopla un lindo Pamperito".
Llegamos al río y armó dos barquitos. Les puso unos caños
y una vela a cada uno y unos cuantos tientos con trenzado muy finito. Me
dijo que la rienda más importante se llamaba "escota", (pero no se
por qué la complicaba tanto). Dijo que yo anduviera solo en uno de los
barquitos, que él venía en el otro. Me sonó bien, porque me parecía medio
chiquito para andar de a dos.
Los tiramos al agua y nos montamos a esos cosos.
Me dice el José: "Agarrá fuerte la escota y el
timón y hacé como hago yo", y diciendo eso, tiró fuerte la rienda y
salió disparáu como para el medio del río. Yo hice lo mismo y ¡salí como
escupitajo!
¡Tío!: ¡no sabe como andaba esa cosa! ¡Volaba! El José
me gritaba: "¡Timoneá con eso que tenés en la mano izquierda!"
Ahí me bolié un poco, pero después me avivé que la cosa era un poquito
arrevesada: si uno quería ir para la derecha, tenía que poner el timón para
la izquierda y al revés. Y así, de a poco, empecé a encontrarle la güelta.
Ya empezaba a tomarle la mano cuando empezaron los corcovos.
Ud. sabe, Tío, que los corcovos no me dan miedo. ¡Sino no
sería domador! ¡Pero el asunto es que estos bichos corcovean pa' los costados!
"¡Cazá!", me gritaba el José. Yo miraba y
no veía bicho alguno, y además no tenía la escopeta. Pensaba: "¿Qué
quiere que cace? ¿Estará mamao el primo?".
"¡Cazar es tirar de la escota!" -me
grita él, que se ve que me veía medio confundido- "Sino te vas a
tumbar". Yo no sabía qué era "tumbar", pero no me sonó
nada bueno. Así que por las dudas tiré.
Pero vea, Tío, ¡qué mala pata!, justo ahí, que ya
estábamos bien lejos de la costa, se vino un viento bien fiero y el leiser
salió al galope tendido. Yo lo único que podía hacer, era agarrarme juerte de
una cincha gorda que había en el medio y encomendarme a la Vírgencita de
Lujan. ¡Cómo estará de canchero el José, que se agarraba con las patas!
El asunto es que volaba agua por todos lados, mire. Y como de a poco el
julepe se me iba pasando, la cosa se empezaba a poner linda de güelta. Pero fue
ahí cuando la cosa se malogró de golpe.
Risulta que el agua cerca de la costa estaba bien chatita,
pero cuando estuvimos allá lejos, se empezó a poner ondulada. Hasta ahí todo
bien, me agarraba como garrapata y a pesar de la corcoviada, me aguantaba sin que me tire.
Pero pasó un barco grande a motor, del tamaño de un camión
de ganado. Iba dejando un surco en el agua como de dos varas de alto. El José
les gritaba: "¡Corranséééé! ¡Lancheroooos!". Yo pensé: "¡Esageráu!",
y no le vi el problema hasta que estuvimos encima de esa estela.
Jué ahí que el leiser empezó a bellaquiar y por más que
aguanté, agarráu'e la cincha, ¡al tercer corcovo salí por el aire! Los
barquitos se dieron güelta, y los caños se clavaron en el fondo. Dice el José
que por eso se doblaron. ¡Una pena!, mire. ¡Ya me había encariñáu con el
botecito y le estaba tomando el gustito a esa emoción!
Así fue que nos tuvo que buscar la Prefetura, que son como
la Polecía, pero de agua.
Al José le piensan cobrar una multa y cuando pague los dos
mil patacones, le devuelven los barcos.
Los caños nuevos dice que le van a costar otro....ojo de
la cara, (¡y encima un barco era prestado!).
Pero vea, Tío, que al final no fue tan mala la cosa.
Parece que había un gringo, que nos miraba'e la costa.
Cuando volvimos me buscó y me dijo que le gustaba mi estilo. Me preguntó si
quería ir a Bélgica, un país de las Uropas, a domar leisers. Por mes me va a
pagar cinco mil euros (que son los patacones de allá), y me da un rancho en su
clú. Va a poner una tribuna en la costa y los días de mucho viento, le va a
cobrar entrada a la gente pa' que me vea domar. Espero que me vaya bien, porque
no tengo espiriencia con leisers gringos.
Así que aprovecho para despedirme, ya que no nos vemos hasta
Navidá. Cuídemelos al gateáu y al zaino.
En cuanto pueda le escribo de güelta.
Un abrazo afetuoso, su sobrino, el Zoilo."
"Me olvidaba: Ud. sabe Tío, que yo no le
via'mentir, pero por si le agarra la incredulidá, por suerte el gringo estaba
con una cámara de fotos y me regaló una pa'que le mande:"

Foto original: Dennis Olson. Dibujo del gaucho: Florencio Molina Campos.
Montaje: Héctor de Ezcurra.
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